El problema
Las rifas de curso, club o beneficio se siguen llevando en un cuaderno y un grupo de WhatsApp: números vendidos dos veces, reservas que nadie recuerda y un sorteo que al final decide la misma persona que organiza. El dinero se junta igual, pero quien compra no tiene cómo saber si el resultado fue limpio, y quien organiza no tiene cómo demostrarlo.
